POR LA DIGNIDAD Y LA VIDA DE AMINETU HAIDAR

Este artículo se publicó en Rioja2.com el nueve de diciembre de 2009, cuando la postura inflexible de Aminetu Haidar, de dejarse morir si no se le devolvía su identidad saharahui, había movido las conciencias de políticos y diplomáticos empeñados en echar un montón de arena sobre el pueblo saharahui hasta hacerlo desaparecer.

Sólo quien se ponga en el lugar de Aminetu y asuma consecuentemente sus decisiones podrá opinar acerca de si hay que forzar su empeño de no alimentarse hasta recuperar el pasaporte (aquél que Marruecos tardó quince años en expedirle, y  que le impide volver a su casa donde le aguarda su madre española y sus hijos), o bien se debe cumplir su voluntad de no alimentarse, hasta la muerte si fuera necesario, mientras se le siga privando de sus derechos fundamentales.

Pero este no es el debate que atraviesa nuestras conciencias. No somos nosotros quienes debemos optar entre la vida o la dignidad de una persona; ni siquiera creo que ese sea el debate de los gobiernos (salvo quienes estén interesados en desviar la mirada de la conculcación de los derechos fundamentales de las personas).

El verdadero debate se encuentra en esa realidad dejada pudrir de todo un pueblo (el saharaui) abandonado a su suerte desde 1975 (en medio de la nada del desierto argelino) por gracia de un vergonzoso proceso de descolonización (España y Marruecos) en el que desde entonces han intervenido nuevos actores (Francia, Argelia, la ONU y EEUU), para sostener el enquistamiento de las partes hasta el sometimiento de la más débil.

Pero el más débil (el pueblo saharaui, que no el Frente Polisario), tiene el apoyo solidario del pueblo español, y este no admite el empecinamiento de su vecino del sur en no dar la autonomía suficiente (si la independencia ya no es posible en un contexto territorial mestizo de marroquíes y saharauis), y la libertad necesaria para el desarrollo y devenir de las generaciones que no conocieron la guerra de sus padres, y que no deben pagar por tanto sus errores.

Y la solidaridad con el pueblo saharaui y por extensión con Aminetu Haidar, hace que nos sintamos agredidos por nuestro gobierno al permitir la irregularidad y la ilegalidad de admitir la entrada de Haidar en el aeropuerto de Lanzarote tras su deportación marroquí; y que nos sintamos humillados por los años de expolio de la identidad histórica del pueblo saharahui, y ofendidos por la debilidad de nuestro gobierno ante sus vecinos del norte y del sur (Francia y Marruecos) para imponer un acuerdo de las partes y una solución justa a las demandas de unos y otros.

Este es el verdadero debate. El que nos indigna y nos mueve a solidarizarnos con Haidar para que le devuelvan el derecho a volver con los suyos sin estigmatizarla como apátrida o extranjera en su tierra. El que incumbe a todas las generaciones saharauis exiliadas y sin futuro, y a todos aquellos que gritan por la salvación de la vida y la dignidad de Aminetu Haidar.

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