CUMPLEAÑOS

Muchas gracias a todos los que me habéis deseado un feliz día de cumpleaños porque así ha ocurrido. Y eso que había dormido mal por culpa del menisco roto y el ligamento cruzado anterior, que a eso de la cuatro de la madrugada me ha despertado con su latigazo habitual, aunque entresueños y medio despierto me he levantado tarde, muy tarde. Así que tras las prácticas matutinas de aseo y desayuno, las cuales me consumen también su tiempo, me he puesto a leer la docena de portafolios que me quedan por evaluar. Vana intención, porque los toques de atención del móvil a donde llegaban intermitentemente avisos de mensajes de felicitación me distraían, al punto que, tas el segundo portafolio evaluado he colgado los trastos y me he dirigido al mercado Patricia donde me esperaba, por fin, una lubina salvaje. Era muy grande y tenía una pinta deliciosa, como luego demostraría tras asarla sobre una cama de patatas y cebolla.

Mi intención era darme un homenaje gastronómico y, además, en compañía de una mujer amada, así que incluí en la compra atún rojo y mejillones. Por suerte, otra amiga se dejaría seducir por la misma oferta y entre los tres dispusimos en la mesa los mejillones a mi manera; es decir, con aquellas verduritas desparramadas por el cajón del frigorífico, y que previamente apochadas y aderezadas con una cayena y un poco de Tío Pepe, sirven de colchón para abrir esos mejillones que me ha costado tanto limpiar de cuerdas y caracolillas. En esas estaba cuando me ha llamado alguien para felicitarme y, como se hubiera apagado el móvil sin darme tiempo a contestar, me señalan que quien llamaba era mi novio, es decir mi pareja de investigación sociológica, pero que con el paso de los años ha pasado a ser otra de mis parejas de hecho.

Cuánto se aprende cocinando con dos expertas cocineras. Las poquitas cosas que se hacer las he aprendido de aquellas mujeres que han compartido conmigo sus conocimientos y su experiencia y, curiosamente, ninguna perteneciente a mi entorno familiar (abuela, tias o madre), que educadas en el patriarcado, nunca admitieron que sus habilidades culinarias fueran propias del género masculino. Viene esto a cuento de cómo hemos sellado el atún rojo sobre una vinagreta de puerro, cebollla y jengibre. Estaba de muerte.

Además he recordado que en la estrecha bodega del armario aún guardo unas botellas de cava, no de estas navidades (cuando quisimos brindar con un espumosos la nochevieja camboyana y, tras muchas pesquisas, encontramos algo en una gasolinera, pero fue intomable aquel líquido que alguna vez quiso ser algo parecido a una sidra rosada), sino de hace más de tres navidades, las que llevo viajando en los últimos años, Cuba, Colombia y, ahora, lejos del Caribe, Camboya/Thailandia. El cava envuelto en un trapo húmedo lo hemos metido en el congelador y, cuando lo hemos descorchado para acompañar la lubina, se ha mostrado con la misma ligereza burbujeante de los mejores cavas.

Y ya metidos en faena, disfrutando de manjares y copas, nos hemos liado a hablar de mi cumpleaños, de las edades, de la esperanza de vida al nacer, materia que domino y que me he apresurado a introducir en la conversación con tal de alejar de la misma las confesiones vitales que no han tardado en aparecer. Es lo que tiene cumplir años, que inevitablemente miramos hacia atrás, hacia los años cumplidos y no hacia los años por cumplir, los cuáles sabemos que cada vez son menos y más inciertos que los pasados. Nos gusta rememorar los episodios más gratos que hemos almacenado en el disco duro de nuestros recuerdos para compensar de este modo las pérdidas y las carencias del presente. De algún modo celebramos la vida y nos sentimos felices.

Con las milhojas y el café ha llegado el cigarrito, para ellas, porque yo llevo algo más de dos meses sin fumar tabaco y esta vez es seguro que no volveré a distraerme aceptando un cigarro. Hemos cambiado a  Nina de Morgan por Jhonny Cash y luego blues y bluseros, y así hemos consumido la sobremesa, que no he podido alargar porque ambas tenían obligaciones familiares. Besos y adiós.

He recogido en un plis plas el campo de batalla culinario, y mientras el lavavajillas hacía sus funciones me he tumbado a leer Patria de Fernando Aramburu (gracias churri por el regalazo). Estoy tan pillado que casi me falta tiempo para dejarlo, pues de una tumbada y hasta las ocho que he quedado con mi hermana para ir al teatro he leido 120 páginas. Y estoy pillado porque después de haber leído la trilogía de Ramiro Pinilla, Verdes valles, colinas rojas, sobre el origen mítico de los vascos y su construcción identitaria no pensé que se pudiera leer algo nuevo o destacable. Curiosamente Ramiro Pinilla cierra su trilogía con la llegada de ETA y no hace sino introducirla, pero quien estoy leyendo que logra destacar precisamente este tiempo, desde que aparece ETA hasta el momento actual, es Fernando Aramburu. Y tengo todo el domingo para seguir con Patria, que como le ha ocurrido a otras, me ha obligado a dejar los tres libros que tenía abiertos a la espera de terminar este tan absorbente.

Pero el día no acababa con la lectura de Patria. Me esperaba Serlo o No para acabar con la cuestión judía, de Jean-Claude Grumberg, dirigida e interpretada por Josep María Flotats y acompañado de Arnau Puig, en el teatro Bretón. Hemos disfrutado con una obra excelente que trata dela identidad colectiva y de la personal, de la religión, la política, la ética y la moral y, de paso un repaso a la historia. Flotats interpreta a ese judío ateo, que magistralmente se dirige a su vecino Puig, algo bobalicón y manipulado por su mujer adicta a Internet, que bien puede ser el espejo del público que escucha en silencio las conversaciones sostenidas en el descansillo de un portal. Con ese buen sabor de boca que nos ha dejado la obra, nos hemos ido para casa, no sin antes libar algo por San Juan. Besos y adiós.

En casa ya cerrando el día me he sentado a ver los goya de cine en la tv, al tiempo que me embriagaba con una pequeña flor de cannabis que me han regalado. Cuando he llegado a la cama ya no tenía ni sueño ni cansancio, de modo que he atacado otra vez la novela de Aramburu, hasta que el sueño me ha vencido.

Un día muy feliz de cumpleaños. Muchas gracias amig@s

patria-001

 

 

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