NO HAY NADA NUEVO

No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer bajo los cincuenta mil folios del sumario del caso Gürtel. No hay nada nuevo por que nadie ha sido condenado y, sin embargo, cada vez hay más pruebas que señalan al Partido Popular financiándose gracias a la trama de corrupción que se ha instalado en las regiones, naciones y autonomías donde gobierna. No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer, sino callar y esperar como muy bien hace su líder don Tancredo, que sólo piensa en “esperar si queremos gobernar porque ninguna trama corrupta nos ha quitado clientela electoral; además, los corruptos son ellos, es decir los que se aprovechan de la ingenuidad y buena voluntad de los gobiernos populares. Y, en todo caso, los que ya ha sido condenados por corruptos; es decir, los socialistas”.

No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer, pues Garzón será sentado en el banquillo y juzgado por acusación de Manos Limpias (con la democracia se han limpiado la sangre con que se tiñeron durante la dictadura), y se declaran de Falange (también la democracia reconvirtió la identidad de asesinos), el único partido fascista europeo que sobrevive a las dictaduras que alimentó. No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer, la justicia prevalecerá y, con Garzón inhabilitado, una vez más dictadores, mafiosos, terroristas, corruptos, narcotraficantes y otros poderosos saldrán libres y dispuestos a no dejarse atrapar por una policía cada vez más eficaz.

No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer en la campaña de declaración de la renta de este año, pues aunque señale la casilla de otros fines sociales, la jerarquía católica percibirá del Estado más que si gobernara Franco o Aznar. La cifra presunta y estimada que el Estado ha cedido directamente a la iglesia católica, en 2009, puede haber superado los 6.800 millones de euros, de los cuales sólo doscientos cincuenta y dos pertenecen a la asignación tributaria del IRPF. No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer con un gobierno socialista que no va a denunciar el concordato (al menos por preconstitucional), que paga los despidos improcedentes de profesores de religión que se amancebaron o se divorciaron y no practicaron la pederastia, que soporta la excomunión de los diputados si no legisla como señala el portavoz obispal, que reniega del laicismo en la escuela y en los actos públicos e institucionales, porque al parecer no es laico sino aconfesional, es decir, de la poderosa confesión dominante.

No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer, entre y con la jerarquía eclesiástica, y si se producen abusos de menores es principalmente en el seno de las familias y tan sólo un pequeño porcentaje en las instituciones religiosas. No hay que escandalizarse ni condenar a unos pocos ministros de la iglesia católica por pequeñeces y, si me apuran, tampoco a quienes ejercen la violencia de género. De este parecer legitimador es el arzobispo de Granada, Javier Martínez, cuando señala que el mayor crimen contra la humanidad, incluso más repugnante que aquellos que cometieron los nazis, es la práctica del aborto; una práctica femenina, de las mujeres y, por tanto, merecedoras del abuso y la violencia sobre sus cuerpos que ejerzan los varones, legitimados como están por este jerarca católico.

No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer en el huerto riojano, donde gobierna el gran hortelano de las identidades perdidas y el efecto frontera, el vino y la lengua, el espárrago navarro y la pera de Rincón, del totum revolotum de una Arcadia feliz. Y no hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer en el solar logroñés, pues el pelotazo urbanístico del monte El Corvo se ejecutará aunque se oponga el Ayuntamiento y los logroñeses. Además se consumará el castigo económico a la capital un año más, hasta que los electores equivocados le devuelvan el poder a este partido liderado por una Cuca más popular y menos camorra, “no vaya a ser que se vuelvan a equivocar estos capullos”.

No hay nada nuevo y por tanto no hay nada que hacer. Bueno, algo sí se puede hacer: ver el partido del Madrid-Barça con putas y bolleras, gays y transexuales, borrachos y drogadictos, honestos y dialogantes, comunitarios y extracomunitarios, musulmanes y ortodoxos, vascos y catalanes y con todo el que presente alguna novedad sobre la mirada desvaída y rancia del poder.

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PECADOS Y DELITOS

Este artículo se publicó en Rioja2.com el dieciséis de diciembre de 2009. Mi intención ha sido desenmascarar la peligrosa confusión a que somete la iglesia católica a sus feligreses al mixtificar pecado y delito.

Según nos enseñaron en religión (los que recibimos educación entre religiosos), los pecados son “delitos morales” significados por la trasgresión voluntaria de normas o preceptos religiosos. Y como las normas y preceptos son innumerables (para su conocimiento y discernimiento están los especialistas formados por la Iglesia), también son un sin número los pecados, a los cuales se les otorga de forma gradiente una mayor o menor penitencia o castigo, tras el “ego te absolvo” del especialista. Por su parte (y no recibí formación en derecho), los delitos son conductas o comportamientos punibles; es decir, que la sociedad decide castigarlos por ir contra el Derecho y las leyes que sostienen la convivencia.

Pues bien, en plena ceremonia de la confusión, los pecados o delitos morales podrían llegar a convertirse en delitos civiles o penales, por obra y arte de los mensajes transmitidos por el Secretario general de la fundamentalista Conferencia Episcopal Española, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, en las que avisaba a los políticos católicos de que si apoyan la Ley sobre Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo “están objetivamente en pecado público” y no podrán “ser admitidos en la sagrada Comunión”. Esto como poco, porque los que practiquen o ayuden en la interrupción del embarazo están cometiendo un asesinato. O sea, una conducta tipificada en el código penal, aunque ahora se intente despenalizar a mujeres y ginecólogos autores de tales actos contra la vida.

No hace poco, a finales de noviembre, se publicó el  informe encargado por el Gobierno de Irlanda que analizaba las violaciones de menores perpetradas por sacerdotes en la archidiócesis de Dublín entre 1975 y 2004, los cuales abusaron de sus pupilos mientras los responsables de la Iglesia trasladaban a los religiosos involucrados a otras congregaciones en lugar de alertar a la policía y denunciar los casos de abuso para evitar escándalos. Los resultados coinciden con los de un dossier aún más detallado presentado en mayo según el cual, entre la década de los treinta y la de los noventa del siglo pasado, miles de niños que vivían en internados y estudiaban en escuelas católicas de la isla recibieron palizas, fueron violados y humillados por sacerdotes, monjas y monjes. La investigación aportaba evidencias de que el abuso de menores era una práctica generalizada.

Es probable que sea precisamente el rol prominente de la Iglesia en la vida irlandesa lo que permitió que los abusos cometidos por una minoría de sus miembros fueran tolerados”, dice un fragmento del informe. El mismo argumento puede aplicarse a otros casos de abusos generalizados registrados, sobre todo en Australia, Austria, Canadá, Francia, Polonia y Estados Unidos, donde la Iglesia católica ha sido acusada de encubrir sistemáticamente los abusos y delitos cometidos por sus miembros.

En la cúpula española, el que fuera cardenal arzobispo de Toledo y Primado de España, ex vicepresidente de la Conferencia Episcopal y hoy cardenal Prefecto de la Congregación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Antonio Cañizares, consideró en su momento que “no es comparable” el caso de los abusos a menores en escuelas católicas irlandesas con el aborto, porque el primero afecta a “unos cuantos colegios” y el segundo supone que “más de 40 millones de seres humanos se han destruido legalmente” (las estadísticas no son su fuerte precisamente).

A su juicio, la culpa de que esos hechos ocurran “la tenemos todos” y es un crimen mayor interrumpir un embarazo que violar y torturar menores de edad sistemáticamente durante décadas, silenciarlo, y criminalizar socialmente  a las víctimas que se atrevían a contar algo para que su testimonio no fuese tenido en cuenta. Por que es cierto que hay gradientes en los pecados como existen gradientes en los delitos, y si un especialista en pecados considera mayor uno que otro en la jerarquía del pecado, ninguna autoridad civil puede desautorizarlo, ni decidir el tipo de castigo moral, o al modo que señalaba San Mateo para quienes abusaran de los niños: “Más le valdría que se le atase al cuello una piedra de molino y fuese arrojado al mar al que escandalizase a uno de estos pequeños”.

Pero para torpeza de abusadores, pedófilos y violadores de niños están los delitos contra el Derecho, su conducta está tipificada y conlleva castigos penales más allá de la condena moral de la Iglesia. Y para salvaguarda de las mujeres y a quienes les apoyaron en su decisión de interrumpir el embarazo, están las leyes que administra la Justicia con independencia del carácter moral que supone para la Iglesia y su tipificación del pecado. Amén