TRABAJO Y EMPLEO

Para quienes en algún momento les han ofrecido datos sobre la actividad laboral y el desempleo en La Rioja, y no han tenido ocasión de meditar sobre su alcance porque el discurso del gobierno, el de la patronal o el sindical reitera de modo cansino los mismos mensajes de carácter coyuntural, sin avanzar en el meollo o en la raiz del problema que no es otro sino el modelo de organización del trabajo, proponemos un ejercicio muy simple sobre la realidad del problema y la solución al mismo con todos los matices que deseemos incorporarle según nuestra experiencia personal.

Cuando el Instituto Nacional de Estadística (INE) ofreció los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del último trimestre de 2010, señaló que el paro había aumentado en La Rioja en 2.200 personas, hasta situar en 24.400 el número de desempleados, lo que hizo que la tasa de paro se situara en el 15,68% de la población activa. Por entonces, la población ocupada ascendía a 131.400 personas y la parada a 24.400, lo que suponía una tasa de actividad del 59,32% y una tasa de paro del 15,68%.

El mes pasado, último del que se han publicado cifras sobre actividad laboral, La Rioja registraba la segunda mayor subida de paro registrado en el país, 853 nuevos parados que dejaban la cifra total en 24.074. El repunte del desempleo que constituyó la sexta subida consecutiva mensual, había elevado la tasa regional de paro al 15,4%. Es decir, si comparamos estos datos de paro registrado de marzo de 2011 a los datos de la EPA de tercer trimestre de 2010 se asimilan como gotas de agua, pese a que los de la EPA son datos más cercanos a la realidad que los datos de paro registrado, donde necesariamente no se encuentran todos los realmente parados.

El Gobierno de Pedro Sanz busca desesperadamente el lado positivo y lo encuentra en la otra comunidad que fue la primera en aumento de desempleados (en otras ocasiones utiliza la comparación con la media nacional y señala con orgullo que aquí se destruye algo menos de empleo, porque La Rioja se encuentra en mejores condiciones que el resto del país, jo, jo, jo).  La patronal habla de generar confianza y crédito para que las PYMES creen empleo, para lo cual hay que moderar los salarios y consumir más (vaya morro, en resumen nos dicen que hipotequemos nuestra vida).  Por su parte, la sindical le echa la culpa a la reforma laboral que no crea empleo sino que lo destruye y que la solución pasa por llevar la economía a un crecimiento sostenido y duradero mejorando las condiciones laborales de los trabajadores (contratos fijos y garantía de salarios), aunque son conscientes de que hay que mejorar la flexibilidad interna de las empresas españolas (es decir, virgencita que me quede como estoy, que no se dónde vamos a parar si me quitan la negociación colectiva).

Las personas que apoyamos a ECOLO-VERDES de La Rioja, pensamos que el problema de una economía basada en el consumo sostenido de materias primas escasas y finitas, y que los problemas de empleo y paro, son problemas estructurales, de concepción de la economía y de concepción del trabajo.  No podemos imaginar un futuro para nosotras y las generaciones venideras con una economía basada en el crecimiento ilimitado de la producción (hasta el agotamiento de los recursos), y un consumo desaforado de bienes perecederos e inútiles que no satisfagan nuestras necesidades  ni procuren nuestro bienestar y felicidad.

Una propuesta para ir transformando este modelo económico es reducir el tiempo laboral, vieja reivindicación sindical (arrumbada en la actualidad por los sindicatos mayoritarios), que permita trabajar a todas.  La crisis actual obliga a revisar la forma de entender el tiempo del trabajo y el tiempo del empleo remunerado. Las propuestas de reforma laboral y jubilación no han hecho sino aplazar el problema. Un problema que no puede resolverse más con el “productivismo” como eje económico, pues vivimos en un planeta finito cuyos recursos no pueden sustentar un crecimiento ilimitado de las economías.  El trabajo no remunerado -el trabajo del cuidado, de la crianza, de la atención, de la vida comunitaria, democrática, etc.- ha de ser reconocido como parte esencial de la actividad humana y fuente de riqueza.

Somos muchísimas las personas que pretendemos este nuevo modelo, directamente relacionado con la propuesta de jornadas laborales de 21 horas semanales que defienden las organizaciones de toda Europa partidarias del decrecimiento, que reconoce el tiempo que trabajadores y trabajadoras dedican al cuidado. El cuidado y muchas actividades domésticas nunca han sido tenidas en cuenta en la contabilidad del PIB, pese a que son fundamentales en el logro del bienestar, la salud y felicidad de las personas.

ECOLO-VERDES de La Rioja propone la implantación de la “jornada 21/21” para las y los futuros empleados: 21 horas laborales remuneradas / 21 horas para otras actividades fuera del ámbito laboral. Así, por ejemplo, una oferta de empleo público convencional de 30 puestos de trabajo de 35 horas semanales con una retribución de 1.700€ se convertiría en una oferta de 50 puestos de trabajo de 21 horas semanales retribuidos con 1.000€ y más tiempo para cuidar, educar, actividades comunitarias y democráticas. El objetivo de esta propuesta de reparto del trabajo es triple y se pretende:

1. Generar más empleos con menos horas de dedicación, con lo que se logra una distribución de los puestos de trabajo y una lucha eficiente contra el paro.

2. Potenciar, facilitar y valorar los trabajos no remunerados, empezando por los del cuidado.

3. Potenciar un menor y mejor consumo, y una economía baja en carbono.

De este modo, ECOLO-VERDES de La Rioja promoverá que las nuevas ofertas de empleo de la Comunidad Autónoma, de las empresas y organismos autónomos y, en general, de todo el sector público, se ajusten a una jornada laboral de 21 horas semanales. La intención es ir incorporando paulatinamente esta medida, teniendo en cuenta que el sueldo neto mensual nunca será inferior a 900 €. La propuesta de ECOLO-VERDES de La Rioja incluye también que se habiliten líneas de apoyo a las PYMEs para que secunden esta propuesta de empleo solidario. Igualmente, recoge un carácter de voluntariedad para las personas actualmente contratadas, quienes podrán acogerse a esta jornada laboral de 21h en caso de que así lo deseen.

Este 1º de mayo nuestro lema es TRABAJAR MENOS, TRABAJAR TODAS

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AHORA, VERDES DE LA RIOJA

Me dirijo a las personas que todavía se creen cuanto dicen los partidos políticos convencionales acerca de la crisis económica. Estos partidos convencionales son partidos productivistas, es decir, creen en un sistema basado en la producción masiva de mercancías, consumo excesivo y desaforado de las mismas y, utilización hasta el agotamiento de recursos y materias primas. Son partidos que repiten que esta crisis económica es una crisis coyuntural porque nació tras una crisis financiera, propia de un mercado especulativo en el que los bancos y las entidades financieras no asumieron las pérdidas sobre el capital arriesgado, aunque una vez los Gobiernos cubran las deudas y salven el sector, volverá a fluir el crédito y remontará la actividad económica.

Según estos salvadores de los beneficios financieros, la crisis económica se acabará cuando empecemos a crecer mejorando positivamente nuestro PIB, aunque para ello es necesario aumentar nuestra productividad, moderar los salarios y aumentar las reformas laborales que nos sitúen en una posición aún más débil frente a los intereses de los poderosos grupos y corporaciones industriales y financieras. Además, aventuran como loros que tiene bien aprendida la lección, que esto de la crisis económica no es más que un estadio cíclico dentro de un ciclo histórico de la economía en el que se dan periodos de crecimiento y periodos de recesión. Ahora estaríamos saliendo del peligro de recesión y estaríamos entrando en un periodo de crecimiento muy moderado, en el que desgraciadamente no se crea empleo entre los millones de desempleados y, a la postre, excluidos del sistema. Y como la máxima dice que todo lo que baja sube y todo lo que sube termina por bajar, pues en algún momento subirá el PIB y en cualquier momento bajará el paro. Olé con los analistas económicos.

Claro, como la Unión Europea manda (o quizás sea el Banco Central alemán), el caso es que hay que ayudar a la clase empresarial para que se anime a crear empleo y, para ello, nada mejor que poner la pica de la reforma laboral y del sistema de pensiones. Y en esas creíamos que estábamos cuando añaden que no es suficiente y que para crear empleo (porque con las medidas anteriores no ha habido suerte), hay que profundizar en las reformas (en lo que están de acuerdo todos los partidos), moderar los salarios (durante al menos diez años señalaba el Ministro de Trabajo hace pocos días) y, asociar estos a la productividad.

Vamos, que la CEOE está que se sale: un sueldo básico más incentivos según objetivos que marcará el empresario. De paso, se acaba con esa facultad nefasta para la competitividad de las empresas y que otorgaba fuerza a los sindicatos en la negociación colectiva. Se acabó con la negociación colectiva como no sea vinculada a objetivos de productividad empresarial. La repera es que las reformas las proponga el partido socialdemócrata (PSOE) dándole margen al partido conservador (PP) para que cuando gobierne amplíe la reforma, endureciendo aún más las condiciones con la justificación de crear empleo.

Este es el escenario que personas de buena voluntad han creído o han querido aceptar porque eran los partidos convencionales, los partidos democráticos, los que adoptaban el papel de portavoces del sistema repitiéndolo hasta la saciedad. Pues bien, Verdes de La Rioja-ECOLO desmontan esta falsa idea de que la crisis es coyuntural y afirman que esta crisis es estructural, del sistema en su conjunto, porque la crisis es ecológica, social y económica. Estamos destruyendo el planeta, las temperaturas son más extremas, el clima cambia, el petróleo se acaba y la calidad de vida se ve negativamente afectada. Al mismo tiempo, el paro y la pobreza sigue aumentando, mientras los principales responsables de la crisis financiera siguen pregonando las mismas recetas, con los mismos beneficios para unos pocos, a costa de las personas y colectivos más desfavorecidos, de las generaciones futuras y de la naturaleza.

Es una crisis global que afecta a la credibilidad de los partidos políticos, por la corrupción, por la falta de transparencia, por la pérdida de confianza. Es una crisis social porque ha aumentado la infelicidad, la violencia machista, el racismo, el maltrato del débil, la exclusión y la marginación. Ante un cambio global, ya no valen antiguas soluciones para los nuevos retos. Más aún, la crisis del sistema es una gran oportunidad para empezar la transición hacia otro basado en la justicia social y ambiental y que sirva para solventar los problemas acuciantes de la ciudadanía: crear empleo verde, mejorar la calidad de vida, luchar contra la corrupción, etc. Para alcanzar esta meta en nuestra comunidad, en nuestros pueblos, ciudades y barrios, desde Verdes de La Rioja-ECOLO y el movimiento verde europeo apostamos resueltamente por una transformación ecológica, social y democrática de la sociedad.

Ahora, Verdes de La Rioja-ECOLO

LA BRECHA SOCIAL

La sociedad cohesionada (pese a las diferencias de riqueza), segura (tras un sistema de bienestar pese a estar poco desarrollado), y optimista (con perspectivas y objetivos de futuro pese a la ineficacia de políticos y especuladores), se ha transformado en apenas estos dos últimos años en una sociedad quebrada, miedosa y con incertidumbre. Porque las diferencias de riqueza entre unos pocos y la mayoría se han hecho más profundas, porque el precario estado del bienestar se está desmontando a gran celeridad y porque una ola de pesimismo se ha instalado en las conciencias.

Vuelven las dos Españas pero las dos tienen helado el corazón. Es cierto que algo más del 40% disponen de empleo, ahorros, seguridad, y confían en que este momento forma parte de un ciclo en el que a ellos les ha pillado provistos y, aunque miran con desconfianza el presente, piensan que en el futuro volverán a ocupar una posición de dominio. La crisis les afecta, pero en su ritmo de vida consumista y de despilfarro.

En el otro 60% largo se encuentran los precarios, los supervivientes, los que están al límite, aunque cuentan con una red familiar, a veces de amistad, y en ocasiones con los servicios sociales y de voluntarios ciudadanos, que son quienes les proveen de la ayuda suficiente para evitar el riesgo de caída si este se hace inminente. Han cambiado de actividad y están dispuestos a someterse a la voluntad del gobierno, del mercado o del patrón más inicuo con tal de sobrevivir. Han ajustado sus gastos y gastan marcas blancas, gorroneando en los comedores familiares. Pero también se encuentran en este gran grupo humano los que han perdido todo, los fracasados, los sin techo, los sin trabajo ni esperanza de trabajo, los que menudean una limosna o un cigarro (ahora que ya todo da igual, incluida su salud). Han perdido el empleo, la vivienda, los hijos; han gastado sus ahorros y solo disponen de deudas, han perdido la red familiar (por lo que sea), y los amigos se vuelven contrarios. Son los excluidos, los que están fuera del sistema y tan sólo las organizaciones humanitarias (porque ni a los servicios sociales acuden), mitigan en parte las privaciones y la humillación de vivir en una sociedad que les aparta.

Es la brecha social. Una brecha entre los de arriba y los de abajo. Una brecha que por arriba separa a los muy muy ricos de los que se consideran con un estatus de relativamente ricos. Una brecha que separa por abajo a los precarios con la incertidumbre de si su estatus bajará al nivel de los excluidos, de los excluidos y desahuciados, de los sin papeles y extranjeros en su tierra, del detritus del capitalismo.

Estamos arrebatados por el discurso de la crisis, de la deuda pública y la privada y al toque de sálvese quien pueda nos desperdigamos en la selva arrostrando los peligros de una muerte en solitario. Es la muerte social, de toda una sociedad. Y empieza a cundir el pánico porque no encontramos referentes en los partidos políticos, de los que abominamos porque nos engañaron con sus falsas promesas. Los partidos que se denominaban de izquierdas hacen y defienden la política de la derecha rancia y conservadora, y los partidos de derechas se travisten de demócratas, populares y socialistas. Y si buscamos esos referentes en otras organizaciones de masas que en sus estatutos defienden un modelo de sociedad cohesionada encontramos a los sindicatos, que pactaron con aquellos partidos y no supieron defender a los desposeídos del empleo, la riqueza y ahora la seguridad.

Entonces ¿qué nos queda? Podremos cerrar la brecha, la enorme brecha con estas mimbres. Yo creo que sí podemos cerrar esta brecha. Con espíritu solidario y combativo con la injusticia, defendiendo las conquistas sociales de nuestros antecesores y ampliándolas para quienes nos sucedan, buscando auténticos referentes políticos y ecológicos donde nuestra participación sea real y alejada de la maquinaria electoral. Oponiéndonos al desarme moral de una sociedad cohesionada y brindando porque el año 2011 sea el año de nuevas conquistas sociales, con nuestra fuerza, con nuestro empuje, con nuestro valor.

 

CONSUMIR, GASTAR, DESTRUIR

Resulta cuando menos contradictorio vivir en una sociedad donde el nivel de vida del buen ciudadano se asienta en la exclusión del otro. Y observo como la receta neoliberal de crecimiento ilimitado, está tomando asiento en la conciencia de ese buen ciudadano que asimila el mantra, según el cual, para acabar con el desempleo, la pobreza y la desigualdad se necesita crecer, crecer y crecer más que los países que se encuentran por delante de nosotros hasta alcanzarlos o superarlos (jo, jo, jo, ya somos la octava potencia mundial). Sin embargo, ahora precisamente que han encendido las bombillas navideñas y que los escaparates se visten de colores y por las aceras nos persiguen con el sonsonete de los villancicos, es cuando ha llegado el momento para gritar fuerte, alto y claro, que no vamos a consumir, que no vamos a gastar, que no vamos a endeudarnos con toda esa parafernalia que nos conducirá a perder bienestar, salud y vida.

Porque no hay nada más contradictorio en este capitalismo posmoderno que reducir los ingresos (para algunos hasta por debajo del umbral de pobreza), y reclamar al mismo tiempo que consumas más bienes perecederos, inútiles y poco amigables hasta endeudarte aún más. Ni tan contradictorio como estimular el gasto de energía y a su vez aumentar la dependencia de recursos escasos, no renovables y cada vez más caros. Ni tan inasumible como programar una economía sostenible basada en la productividad de bienes pero no del empleo, a costa del descenso de los servicios y del nivel de vida y bienestar de los ciudadanos, a costa del consumo de materias primas altamente contaminantes como el carbón español. Ni tan absurdo como promover los cánones de belleza en torno a la delgadez, las tallas pequeñas y las modelos anoréxicas y, a su vez, incitar al consumo de proteínas animales, grasas, azúcares y en general alimentos sin valor nutritivo, pero que consiguen la culpabilización del ciudadano obeso. Porque no hay nada más ignominioso en este planeta que adquirir el estatus de obeso cuando el 80% del planeta no consigue las calorías suficientes, y un alto porcentaje muere diariamente de inanición.

Qué escándalo oír, ver y saber que el consumo de bienes durante la Navidad no sólo no mejora nuestra vida en este mundo de privilegiados, sino que tampoco ayuda al sostenimiento del planeta para que las generaciones que nos continúen o nos hereden lo encuentren en condiciones más justas y solidarias. El consumo tampoco colabora en amortiguar los desequilibrios territoriales y las desigualdades sociales, y tan sólo sirve para mejorar la cuenta de resultados de quienes limitaron nuestros ingresos reduciendo los salarios, de quienes destruyeron nuestros empleos o acabaron con las prestaciones sociales en materia de desempleo, pensiones, educación, salud y vivienda; de quienes buscaron la desaparición del estado del bienestar, estimularon el racismo y la xenofobia, agotaron los recursos naturales, alteraron el clima y nos colocaron en la incertidumbre, asegurándonos que esto era tan sólo un ciclo económico al que seguirían otros mejores, más productivos y consumistas, más adecuados a nuestra capacidad innovadora, a nuestra potencialidad como país y a la sostenibilidad de un sistema destructivo. Pero se olvidaron que el ciclo (o como coño quieran enmascararlo), al que nos han llevado, es un tiempo de no retorno en nuestras vidas; un tiempo insostenible, destructivo, perjudicial, injusto, insolidario y que sólo produce infelicidad.

Por todo ello me uniré a los ciudadanos que hagan de la Navidad el tiempo más austero del año, que no gasten más de lo necesario, que no se dejen embobar por los villancicos, ni deslumbrar por las bombillitas de colores, y que promuevan las relaciones sociales, afectivas o amorosas con otros ciudadanos sin necesidad de consumir, gastar y destruir; porque, de verdad, otra manera de vivir es posible, ayuda a todo el planeta, y no sólo a los detentadores del capital.